Cuando nos despedíamos de 2016, los noticieros de todo el mundo recordaban al unísono las “imágenes del año”.  Bajo esa cabecera nos mostraron el “giro a la derecha” de Latinoamérica (plebiscito de paz colombiano incluido), la crisis de refugiados en Europa o al deceso de Fidel Castro. No se olvidaron del inesperado Brexit ni de la no menos surrealista llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Todo, con un tono pusilánime que ocultaba gran incertidumbre con respecto al 2017. No es casualidad que el Diccionario de Oxford haya elegido posverdad como palabra del año.

Oigo a menudo el progreso tecnológico y material ha superado en velocidad al desarrollo humano e intelectual. Tal vez los acontecimientos políticos del 2016 sean frutos de ese planteamiento tan advertido a la par que ignorado. Hoy en día consumimos más información, aunque estamos peor informados que nunca. Leemos y escribimos casi a diario, pero el libro y las cartas manuscritas han perdido importancia en nuestras vidas. Es sabido además que el propio algoritmo de Facebook, gracias al cual muchos han accedido a este artículo, filtra las noticias en función de su consumo potencial, dejando de lado todo criterio editorial u ontológico. Creo que las consecuencias son fáciles de adivinar.

Hace unos días, el presidente de EE.UU. impidió asistir a una rueda de prensa a New York Times, Buzzfeed, Los Angeles Times y Politico. Un retroceso en materia de libertades que recuerda demasiado al Índice de Libros Prohibidos de la Inquisición Española, institución fundada en 1478 y abolida en 1834. Dicen que Trump desprecia a los medios de comunicación. En realidad, consciente de su poder, quiere es diezmarlos y crear canales alternativos, entre los que podía incluirse a él mismo. En la batalla por el ruido, ha decidido usar el altavoz. Una vez más, la tecnología se da la mano con ideologías reaccionarias.

Ha comenzado una nueva época en lo que respecta a la Política y a la Comunicación. Ya ni siquiera están claros los límites entre ambas. No tengo una receta concisa para paliar la desinformación, tampoco contra toda esa verborrea iracunda que acaba tarde o temprano acaba degenerando en discurso de odio. En lo que a mí respecta, en este año marcado por la rabia y la posverdad procuraré ser más selectivo a la hora de seleccionar la información: más periódicos, menos redes sociales; más análisis, menos declaraciones incendiarias. Y desde luego, muchos más libros de no ficción y bastante menos Youtube. Soluciones sencillas para estos tiempos tan convulsos.

Sobre El Autor

Periodista con vocación de escritor que colabora con los medios que le dejan. Partidario de un Europa sin fronteras y de un mundo más solidario. - Twitter: @miguelGbarea - Web: mgbarea.com - mail: gbarea.miguel@gmail.com

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