“El 20 de enero de 2017 se recordará como el día en que el pueblo volvió a gobernar esta nación”, afirmó Donald Trump en su asunción como el 45° presidente de Estados Unidos. Con un discurso cargado de crítica hacia sus predecesores y motorizado por un sinfín de invitaciones al patriotismo, el nuevo mandatario tocó las puertas que, atendiendo a la opinión de buena parte de los estadounidenses, el saliente Barack Obama dejó entreabiertas.

Así se desprende de un informe de Gallup publicado este mes, según el cual para los americanos hubo avances durante la era Obama en asuntos reivindicados por los sectores más liberales como los derechos del colectivo LGTB, pero en otros como la economía o la sanidad  con el Obamacare cuestionado por sus gastos de por medio – apenas hubo progresos y siguen luciendo como un desafío para la nueva Administración.

En otras áreas, en suma, los estadounidenses perciben más bien retrocesos destacando el ámbito del crimen: el 56% de los encuestados cree que EEUU viene perdiendo terreno en este sentido desde 2009 frente a un 21% que detecta progresos. El nuevo mandatario, por su parte, se ha encargado de hacer hincapié en este asunto prometiendo ‘mano dura’.

 El crimen, las pandillas, las drogas… la carnicería en Estados Unidos termina aquí y ahora. (Donald Trump, en su asunción)

La Administración del primer presidente afroamericano tampoco supuso, en la percepción de los ciudadanos, grandes mejoras en el ámbito de las relaciones raciales o el de la inmigración. Alrededor del 50% piensa, de hecho, que hubo más bien retrocesos en ambos ámbitos, como así también, en la lucha contra el terrorismo. Un muro en la frontera con México, deportaciones masivas de inmigrantes ilegales, la patria como unidad y la defensa de los intereses estadounidenses como prioridad excluyente en cualquier conflicto internacional son las promesas de Trump.

Reforzaremos nuestras alianzas contra el terrorismo radical islámico, que erradicaremos de la faz de Tierra.

No importa si somos blancos, negros o morenos; todos tenemos sangre roja de patriotismo.

De todas formas, donde los americanos perciben más deterioro es en el plano de la brecha entre ricos y pobres, una reivindicación históricamente demócrata.

Estamos transfiriendo el poder de Washington DC y se lo estamos devolviendo a ustedes, el pueblo.

Recuperaremos nuestros trabajos, nuestras fronteras, nuestra salud y nuestros sueños.

De hoy en adelante será solamente Estados Unidos, primero. Toda decisión será para beneficiar a los trabajadores y familias de Estados Unidos.

Seguiremos dos simples reglas: comprar estadounidense y contratar a estadounidenses.

Solo un 14% de los americanos considera que hubo progresos con Obama en esa línea de desigualdad que Trump ha atendido despotricando contra el establishment de Washington y prometiendo a la vez un mayor proteccionismo económico para los trabajadores y empresarios estadounidenses.

Sobre El Autor

Fundador y Administrador de Clave Mundial. Sueño con regalar verdades, vivo para intentarlo. Twitter: @jjherz7 Mail: jhernandez.10@alumni.unav.es

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