Estonia ha vuelto a sobresalir en el informe PISA. Es el primer país europeo en la categoría de ciencias. En el ranking mundial es el 3º de los países en Ciencias –por detrás de Singapur y Japón-, el 6º en compresión lectora y el 9º en Matemáticas.

Pero, más allá de la posición en PISA, ¿en qué se diferencia su educación de la española? Vale la pena estudiar su enseñanza secundaria para aproximarse a Estonia.

La ley educativa vigente en Estonia, el Education Act, se promulgó en 1992. El currículo base fue elaborado en 1996. Ambos documentos siguen vigentes, lo que permite hablar de mayor estabilidad legislativa que en España.

El sistema estonio comparte con España la descentralización. Sin embargo, en Estonia no es la comunidad regional, sino el municipio, quien gestiona los centros educativos públicos. En la educación secundaria, apenas el 3% de los centros son estatales y el 5% privados. El 92% de los centros son de titularidad pública municipal. El Estado interviene sólo de forma subsidiaria. La administración desde una instancia local –el municipio- permite cercanía a los problemas. Puede ser un modelo a imitar en España, país en el que históricamente, hasta el siglo XIX, la autonomía municipal fue una sólida base administrativa.

En Estonia los centros educativos tienen mayor autonomía para la gestión. Cada centro se encarga de la selección y el despido del personal docente que, como en España, para trabajar en la enseñanza pública debe aprobar una oposición. Otra diferencia con España es que, si bien en España los profesores de las instituciones públicas son funcionarios, en Estonia están sujetos a un régimen de contratación. Esto crea un régimen educativo en el que es muy difícil el acomodo. Este enfoque incómodo se plasma también en que el sistema educativo estonio no contempla sólo la educación continua de los estudiantes: los profesores y directores de centros también están obligados a formarse a lo largo de toda su carrera.

En términos económicos, Estonia destina más del 2% de su PIB a la educación, cifra a la que no llega España que aún así gasta anualmente por cada estudiante el doble que en Estonia -en torno a los 8.000 euros en España, frente a cerca de 4.000 euros en Estonia-. Esto puede ser una llamada de atención para que en España haya una mejor distribución de los recursos económicos.

En Estonia la escolarización es obligatoria un año más tarde que en España: a los siete años. Los estudiantes cursan nueve años de educación primaria. Esto redunda en la siguiente etapa en la medida en que llegan más maduros para cumplir los objetivos que les plantea un segundo ciclo muy exigente. La educación secundaria, de tres años, permite dos itinerarios. La primera opción equivale a la española, aunque con diferencias significativas en cuanto al currículo. Estonia es el país de la en el que se dedican más horas a las Ciencias Naturales. A las lenguas extranjeras dedican el 18% de las horas y al arte más del 10%. Dedican el doble de tiempo que en España. La graduación exige un paper académico o un trabajo práctico. La segunda opción es el itinerario del “vocational school”, similar a la Formación Profesional española, aunque con más especialidades. Esto nos habla de una educación secundaria decisiva, muy orientada al futuro, no un mero periodo de estabilidad antes del bachillerato, pues carecen de esta etapa.

Las clases en Estonia son más reducidas, con un límite de 24 alumnos por aula. En España el límite de alumnos en secundaria es de 35. La educación personalizada es un horizonte que debe tomarse en serio el sistema español, pues las necesidades de cada alumno siempre serán distintas. Una administración más local, en estrategia bottom-up, quizá pudiera hacerse cargo.

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Interesado en todo aquello que permanece en el tiempo. Twitter: @cveci93

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